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Columna de opinión: «Mujeres populares, tejedoras del hábitat»

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Las mujeres hemos sido parte importante de los procesos de construcción de las organizaciones territoriales como del movimiento de pobladores, incluso en los momentos más difíciles, como quedó demostrado recientemente con el caso de las ollas comunes, en tanto espacios de sobrevivencia alimentaria y que nuevamente, al igual que en dictadura, demuestran la capacidad de respuesta a las diversas problemáticas emergentes.

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Lanzamiento de nuevo libro “Ukamau, Conquistando La Vida Buena” Compiladores Doris González, Valentina Abufhele y Alex Paulsen

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Este Viernes 3 de Diciembre, fue el lanzamiento en la Casona Ukamau, del libro “Ukamau, Conquistando la Vida Buena”, publicación que tiene como coordinadores a Valentina Abufhele, Doris González y Alex Paulsen. En cerca de casi 300 páginas, el libro trata sobre la historia y planteamientos de Ukamau, su trayectoria política además de sus propuestas, contando como fuente decenas de entrevistas a compañeras y compañeros de nuestro movimiento.

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«La vivienda está a la base de los grandes problemas sociales que tenemos. Los precios están desbocados porque hay demasiada especulación» Artículo de opinión en El Soberano

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Artículo de opinión publicado en elsoberano.org Marzo 2021

La dirigenta y candidata a convencional por el distrito 8 sostiene que el “Estado Neoliberal de Chile” muestra su peor cara en materia de vivienda y ciudad. Especulación inmobiliaria y precariedad exacerbada por la pandemia han instalado una verdadera bomba de tiempo que, por lo visto, parece cerca de explotar. 

Esta es una crisis tan grande, una crisis que lleva incubándose y arrastrándose tanto tiempo, escondiéndose tantos años debajo de la alfombra, que ahora que la vemos detonando producto de la pandemia podría perfectamente provocar un segundo estallido social”. Así de categórica es Doris González, dirigenta social de Ukamau y candidata a convencional por el distrito 8, ante la consulta referida a la profundidad de la crisis habitacional y territorial en Chile, una que se torna más patente conforme se suman las tomas y desalojos de quienes no encuentran un techo para vivir.

Doris González afirma que en materia de vivienda y territorio el “Estado Neoliberal de Chile” muestra su peor cara. “No sólo es un Estado que toma palco para favorecer el negocio, sino que su sistema de postulación abona la cultura de la competencia. Entonces vemos que familias pobres compiten con otras familias pobres, un comité pelea con otro comité, y entonces surgen y se instalan mentiras como que a los migrantes les entregan casas en detrimento de los chilenos, cosa que es mentira, ya que las familias extranjeras que reciben subsidios son menos del 10%”, agrega. 

“Pero el problema afecta no sólo a los sin techo, sino que también a muchos con techo que ven cómo se les dificulta pagar el arriendo, o que bien ven cómo sus entornos se ven degradados porque no fueron pensados para el bienestar de las familias. A ello sumemos el hacinamiento. Los precios están desbocados porque hay demasiada especulación, una burbuja enorme, y eso es porque el Estado no interviene regulando el valor del metro cuadrado ni siendo más activo en la construcción de buenas soluciones habitacionales”, señala enseguida la dirigenta: “En Chile se estima que faltan a lo menos 500 mil viviendas. Muchas organizaciones veníamos diciendo que esta política pública no daba abasto, que era insuficiente, porque no es solución de nada enfrentar un problema desde la perspectiva cuantitativa y numérica, dejando de lado lo cualitativo”.

Doris González sostiene que el enfoque del Estado chileno, siempre neoliberal y subsidiario, debe variar en 180 grados. “El Estado, a través del Serviu, sólo se limita a entregar subsidios, un voucher, y nada másY tener un subsidio tampoco significa que vaya a tener una vivienda, sino que sólo es un paso más dentro de un proceso tortuoso que puede durar en promedio 15 años. Sin duda el Estado debe jugar otro rol y me parece que este tema será clave en la Convención Constituyente. Esto no significa que tengamos que convertir en propietario a todo el mundo, sino que en un trabajo más integral que involucre a los ministerios de Vivienda, de Obras Públicas, de Desarrollo Social, en fin. Cómo puede ser que en un año se hayan entregado apenas 7 mil subsidios en circunstancias que los solicitantes fueron 213 mil”, agregó.  

Según la dirigenta de Ukamau, “el Estado no puede tomar palco y ver cómo la gente se las arregla con los bancos y las inmobiliarias, ni quedarse mirando cómo suben y suben los precios, el metro cuadrado y los arriendos, cómo las inmobiliarias se benefician de la extensión del Metro, ni hacer absolutamente nada cuando las empresas construyen edificios hiperdensos, mal llamados guetos verticales”. Y agrega: “Un Estado debe ser activo en esta materia porque no hablamos de cualquier cosa. La vivienda está a la base de los grandes problemas sociales que tenemos, y se enfrenta incluyendo a las comunidades, que deben jugar un rol en la creación de barrios de calidad tal y como lo hicimos nosotros y nosotras en Estación Central”.

“Ahora mismo, la segunda etapa de nuestro proyecto, que ha de beneficiar a 198 familias, sigue inconcluso”, concluye.

Enlace https://elsoberano.org/derechos-sociales/doris-gonzalez-de-ukamau-crisis-habitacional-de-chile-amenaza-con-ocasionar-un-nuevo-estallido-social/

Lanzamiento Libro «Ukamau: 10 años de lucha. Construyendo alternativa popular»

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Como parte de las celebraciones y conmemoraciones de los 10 años de Ukamau se me ha encargado realizar una selección de textos fundamentales del movimiento. He optado por elegir aquellos que sintetizan la política actual de Ukamau, que apunta a Democratizar la Ciudad entendida ésta como un todo en donde se desarrolla la vida y no un simple conjunto de viviendas, calles y mobiliarios. En este sentido, este libro es un compilado de escritos que expresan la mirada que hemos tenido como movimiento en los años recientes, principalmente en torno a la crisis actual.

Quien se interese en nuestra lucha podrá encontrar aquí una selección de nuestras posiciones, visiones, propuestas y declaraciones. Los temas se centran en nuestra lectura de la sociedad neoliberal, su política, su economía, y nuestras propuestas e iniciativas de transformación en el ámbito habitacional, urbano, económico, medioambiental y político.

Lanzamiento del libro, un relato de estos años construyendo Alternativa Popular. Jueves 11 de Marzo a las 18:30.

Estaré comentando junto a Genaro Cuadro y Alex Paulsen

Modera: Álvaro Ramis, rector de la universidad de Academia Humanismo Cristiano.

 

El proceso constituyente desde el territorio: Desafíos y propuestas desde el pensamiento popular para refundar la patria.

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El proceso constituyente desde el territorio: Desafíos y propuestas desde el pensamiento popular para refundar la patria.

Si existe algo en lo cual todos estamos de acuerdo es que Chile no está bien, y por eso, debemos modificar las formas en que se construye nuestra sociedad. La institución que regula nuestras relaciones y formas es la Constitución, por lo tanto, debe ser reescrita para refundar la patria. No basta con algunos cambios (que sin duda son necesarios, como subida de sueldos, mejora de condiciones del trabajo, impuesto específico a los superricos y limitaciones de sueldos millonarios), lo que se debe modificar es la concepción de sociedad que permite que unos pocos se enriquezcan groseramente a costa del trabajo de muchos y de la explotación irracional de los bienes comunes.

Es la hiperconcentración de la riqueza lo que se ha vuelto una situación impresentable y que ha hecho que Chile se transforme en uno de los países más desiguales del planeta. El capitalismo en su forma neoliberal fue ensayado, construido y profundizado en nuestro país de manera ofensiva. Además, ha permitido a las grandes empresas arrasar con nuestros bienes comunes, recursos naturales, mar, ríos y bosques, por mencionar algunos.

Pero esta profunda crisis que estamos viviendo en Chile se arrastra hace ya muchos años. Se manifestó inicialmente como una crisis de representatividad por la poca participación en los procesos electorales. Poca participación que, de paso, sólo fortalece el sistema neoliberal y a quienes se han mantenido en el poder durante más de 40 años, imponiendo leyes que sólo benefician a los dueños del poder y la riqueza. Bajo una democracia restringida, que niega derechos a las mayorías en busca de beneficio y ganancia para unos pocos.

Es un Chile agotado y hastiado de las promesas que le hicieron sobre una alegría que llegaría para el disfrute de todas y todos, esa alegría que el pueblo esperaba, esa alegría que el pueblo sigue esperando y los distintos gobiernos siguen postergando. Fueron 30 años de promesas incumplidas; los trabajadores y el pueblo hemos decidido que no esperaremos más.

Llega un momento y un escenario que se rebela en octubre del 2019 con indignación y mucha, mucha rabia. Además, esta protesta tiene un contenido que se había mantenido bastante ausente y en algunos casos marginado de las movilizaciones de la década recién pasada y que tuvieron su momento más álgido en 2011. Son los sectores populares, aquellas y aquellos invisibles que se hicieron visibles en el estallido social, con mucha radicalidad, movilizando el territorio y trasladándose a los centros de las ciudades, un escenario no propio. Los populares volvimos a la política contingente en la Plaza Dignidad y no volveremos a apartarnos de este camino por falsas promesas de alegrías y prosperidades que nunca llegan.

Sin duda, no basta que la Constitución mencione en uno de sus párrafos el derecho a la vivienda y la ciudad. En nuestro país sigue creciendo la desigualdad y la segregación social en la construcción de vivienda. Por pensar sólo en la materialidad (en cuanto a su construcción) y sólo de manera cuantitativa, no se aborda la situación cualitativa.

Se vive un momento destituyente que comienza a caracterizar un nuevo escenario político donde la principal demanda es por participación y derechos.

Participación en lo político, un espacio absolutamente desalojado para los sectores populares, marginados de la toma de decisiones. La necesidad de participación que plantea esta irrupción de sectores de trabajadores y populares en la escena política plantea un nuevo orden y una forma distinta de hacer las cosas. Situación que aún no logra la comprensión de los espacios políticos más tradicionales y los partidos políticos que tienen el apellido de transformadores y progresistas. Este proceso es absolutamente distinto al de fines de los años ochenta, por el contexto político, la realidad y características de las organizaciones y movimientos sociales e incluso el contexto mundial que impone la pandemia del Coronavirus.  Por lo tanto, la salida no puede ser la misma que operó en los ochenta y que consistió básicamente en desalojar a los trabajadores y populares de la acción política y circunscribirlos al ámbito “social” o “sindical”, en una suerte de gremialismo impulsado por el progresismo, que lo que logró fue una profunda desafección hacia la política de los sectores populares y trabajadores.

Desde esa perspectiva, es un momento crucial para avanzar en una nueva forma de relación y acción política que permita de manera efectiva hacer las transformaciones necesarias y, con ello, una nueva Constitución que garantice derechos y seguridad social. En este sentido, entonces, la principal batalla en este momento es la participación masiva y activa de la gente. No basta con lograr los niveles de participación que se han logrado en las elecciones anteriores, ahora es decisivo, para que sea un proceso representativo, la mayor cantidad de personas participando y asegurando, además, que las y los constituyentes sean reflejo de esas demandas que se han amalgamado en la rabia y frustración y se han levantado en las calles de nuestro país.

Es, sobre todo, una lucha por derechos arrebatados y negados durante décadas. Para nosotros, como organización, es importante que exista el derecho a la vivienda y la ciudad dentro de los derechos garantizados por el Estado. Hoy la vivienda no existe como derecho en la Constitución y las referencias que existen hablan de las posibilidades que tienen las policías para allanar viviendas. Por lo tanto, debemos asegurar que la refundación de la patria asegure estos derechos en su carta fundamental.

Sin duda, no basta que la Constitución mencione en uno de sus párrafos el derecho a la vivienda y la ciudad. En nuestro país sigue creciendo la desigualdad y la segregación social en la construcción de vivienda. Por pensar sólo en la materialidad (en cuanto a su construcción) y sólo de manera cuantitativa, no se aborda la situación cualitativa. Es decir, no se piensa en sus habitantes y comunidades, que son más que la materialidad. Debemos pensar con mayor profundidad para planificar el desarrollo del hábitat con las y los habitantes como parte del proceso dinámico al que debemos apuntar como sociedad, abarcando la vivienda, la comunidad, el barrio y la ciudad como un espacio democratizador de lo social y lo político.

En este sentido, es clave no reproducir la lógica dominante de construcción espacial mercantil, que sólo ha profundizado la segregación y marginación social a través de un constante desplazamiento a las periferias, poca accesibilidad a los servicios, escasa movilidad en la ciudad y que niega la participación ciudadana y el goce de la ciudad. Para tener redistribución de la riqueza material, social, cultural que se genera en las ciudades, pero que lamentablemente no tiene el disfrute para todas y todos por igual, para conquistar sociedades con mayor justicia y equidad, es vital pensar el hábitat que generamos de manera colectiva y el rol que juega el Estado en esto.

En el hábitat existen las relaciones, vínculos y desarrollo humano que subyacen a la materialidad y que no se deben invisibilizar. Por esta razón, para nosotras es vital la participación de las comunidades como una condición necesaria para las transformaciones en este proceso constituyente. Los sectores populares no tenemos nada que perder y sí mucho que ganar. Desde nuestras realidades y visiones podemos aportar a ese nuevo Chile que se comienza a esbozar, en el que no se excluya a las y los populares, un país que no sea de los expertos que se apartan de la realidad concreta y el día a día que vivimos millones. Queremos que esta Constitución refleje la diversidad de nuestra geografía y sus habitantes.

Doris González Lemunao
Inicios de Noviembre, 2020

 

Propuesta: «Una Empresa Nacional de Construcción que democratice la ciudad y levante a Chile»

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Según el FMI, el PIB de Chile se contraerá en un 7,5% este 2020, cifra no vista desde la crisis de 1982 (11%) y 1983 (5%). El Banco Central ha informado que la de mayo es la peor desde que se tiene registro (1986) con una caída de 15,3%, mientras que el INE comunicó que el desempleo del trimestre marzo-mayo se elevó a 11,2% (940.000 personas).

Debemos agregar que son 394.527 trabajadoras y trabajadores que se “acogieron” a la Ley de Protección al Empleo y que están pronto a quedar sin ingresos. Si la proyección en la caída del PIB es correcta, la cantidad de cesantes debería superar los 2 millones de personas este año.

La alta concentración del ingreso ha dado origen a un régimen político oligárquico que no niega la democracia en lo formal, sino que la hace estéril en lo real. Esto ha engendrado un ejercicio arbitrario y abusivo del poder. La élite empresarial, política, eclesiástica, militar se acostumbró a ejercer el poder de manera abusiva y corrupta, afectando los intereses de la nación y la igualdad ante la ley.

El 18 de octubre de 2019 se rompió el Pacto Social. El ejercicio arbitrario y abusivo del poder encontró una respuesta de rechazo transversal en la sociedad. El intento por enfrentar la manifestación social con represión militar hizo que el estallido se transformara en un movimiento de protesta permanente y creciente.

La crisis sanitaria no es un paréntesis del “estallido social” ni menos su término, es un nuevo catalizador del proceso destituyente en curso. De esta forma, el problema de nuestra sociedad no es solo reactivar la economía que existía antes de la crisis, sino sobre todo redistribuir el poder económico y democratizar el poder político.

Actualmente existe aproximadamente un déficit habitacional de 1 millón de viviendas (entre unidades faltantes y aquellas definidas como no aptas), esto es, 4 millones de personas, aproximadamente, afectadas. Estas familias habitan de allegadas en viviendas de familiares, hacinadas o pagando arriendos abusivos por piezas pequeñas instaladas en conjuntos altamente hacinados o en campamentos que no ofrecen estándares adecuados de habitabilidad.

La crisis sanitaria del Covid-19 ha dejado en evidencia que las viviendas e infraestructura urbana construidas para una parte importante de la sociedad son incapaces de permitir el distanciamiento físico o la cuarentena efectiva. El descontrol de la pandemia, que ha costado la vida de más de 10 mil personas (junio), se debe en parte por esta realidad que afecta al conjunto de la sociedad. La concepción neoliberal de la vivienda como un bien de consumo que cada persona debe comprar en el mercado no ofrece respuesta a este problema social fundamental.

En este escenario, se hace urgente una política contra recesiva que incorpore el financiamiento público y privado para crear y sostener empresas nacionales, en áreas como las obras públicas, vivienda, alimentación y otras. Se deberá observar la experiencia chilena (CORVI, CORMU, Planes Habitacionales de los años 60) y los avances en estas materias fuera de nuestras fronteras buscando modelos económicos que pongan en su centro el interés nacional.

Los recursos para financiar este plan, deberán obtenerse de una reforma tributaria redistributiva, esto es, aumento de impuestos a los grandes capitales (de la construcción), al 1% más rico, para crear un fondo público desde el cual redistribuir.

Los cálculos de los propios empresarios ubican las cifras necesarias para reactivar, en un plazo de tres años, en 22.600 millones de dólares, divididos en US$ 10.290 millones de origen público y US$ 12.310 millones de procedencia privada. Esto permitiría construir 105.000 nuevas viviendas y crear 495.000 empleos (directos e indirectos) bajo el actual régimen.

Así se pueden comenzar a resolver enormes problemas que tenemos cómo país: en reactivar la economía, redistribuir el ingreso y democratizar el sistema político. El programa en su versión de Vivienda y Ciudad debe establecer estándares (altos) y plazos (breves) de edificación. El hacinamiento se ha transformado en un problema de salud pública que afecta al conjunto de la sociedad por lo que debe ser abordado con urgencia como un problema de interés nacional.  En este programa, la propiedad de las empresas podrá ser privadas, mixtas y públicas. Esto implica garantizar la iniciativa económica particular y estatal en el marco de un Plan Nacional de Reactivación.

La existencia de estas empresas públicas permitirá reacoplar el valor del suelo urbano y la vivienda que actualmente se encuentra desajustado (al alza) del resto de la economía (lo que genera el riesgo de otra crisis económica). De igual forma, el valor del trabajo se verá regulado (incrementado). De esta manera, se podrá mejorar los salarios y bajar el precio de la tierra urbana y las viviendas, esto es, enfrentar las causas fundamentales del actual déficit habitacional que afectan en particular aproximadamente a 4 millones de personas y en general al conjunto de la sociedad.

La crisis debe ser enfrentada en sus síntomas urgentes y causas estructurales, desplegando una política económica reactivadora, redistributiva y democratizadora. Una empresa nacional de construcción puede ser el primer paso.

Por Doris González
3 Julio 2020

Columna | Del estallido a la crisis del hambre: «Los movimientos hacemos frente a un Estado imposibilitado de funcionar para las mayorías»

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Columna
Del estallido a la crisis del hambre

Si existe algo en lo que podemos estar de acuerdo, es que este movimiento que se ha levantado desde el 18 de octubre del 2019, es algo único en la historia de nuestro país. Es único en su fondo y forma, el estallido social que se ha producido es –se ha dicho–  un fenómeno que nadie vio venir. Frente a estas dos premisas es que, intentare analizar y plantear preguntas sobre este periodo que, pandemia de por medio, nos mantiene convulsionados a todas y todos.

Este estallido social nace con una radicalidad que asombra y deja perplejos a muchos, incluso al mundo más político. Las frases: “cabros, esto no prendió” y “estamos en guerra” muestran lo destemplados y desconectados que están de la gente quienes lideran las instituciones. ¿Sin la radicalidad en la forma y fondo del movimiento de protesta habría sido posible que esta élite se abrirá a un cambio constitucional?

A pesar de dicha radicalidad, el movimiento de protestas tiene una constitución bastante inorgánica todavía, a diferencia del 2011 cuando fue el movimiento estudiantil quien congregó, ordenó y condujo.

Hoy su composición tiene a los sectores de trabajadores y populares en la calle asumiendo un rol protagónico, a aquellas y aquellos que han estado invisibilizados en los últimos tiempos y quienes fueron excluidos absolutamente del “pacto social” anterior, de fines de los años 80. Sectores sociales que sufrieron la exclusión política y despolitización bajo los gobiernos de la Concertación que dieron continuidad al modelo económico instalado por la dictadura.

En este momento donde el clamor es la participación, la forma en que el Estado neoliberal ha mantenido a la sociedad al margen de las decisiones políticas fundamentales ya no puede seguir, ya mostró su fracaso. Aquellas y aquellos a quienes más precarizó y excluyó, hoy salieron en masa a manifestarse exigiendo cambios.

Pero, debemos recordar que, la manifestación no es algo tan novedoso, durante los distintos gobiernos de la Concertación y la Derecha los distintos movimientos sociales estuvimos en la calle, por las mismas demandas que hoy la sociedad pone en la agenda pública. Llama la atención que hoy muchos señores de la elite política dicen compartir estas demandas y querer representarlas. Es ahí donde tenemos desconfianza y diferencia.

 

¿Es posible ser el problema y la solución?

¿Cómo en 30 años no se pudo más? ¿Cómo en 30 años los cambios necesarios en pensiones, salud, transporte, vivienda y ciudad no se pudieron implementar? Hoy cuando se observa que algunos sectores políticos se abren a realizar cambios, debemos abordar esta situación con la importancia y seriedad que merece, debe primar en esta discusión abierta el interés del pueblo.

Es en este escenario, de discusiones y posibles “acuerdos nacionales”, que los movimientos sociales nos mantenemos movilizados y en estado permanente de reflexión política, porque queremos ser parte de la solución y no del problema.

¿Cómo hacemos esto? Primero, desde el dialogo que debemos tener las diferentes organizaciones del mundo social, para empujar desde la calle y la institucionalidad al Ejecutivo a abordar la situación nacional de una manera adecuada para generar certezas económicas a nuestra gente que sufre agudamente la crisis. Por tanto, no podemos quedarnos al margen de las decisiones políticas que se toman, es necesario estar ahí en la disputa del qué y cómo se resuelve esta situación histórica, poniendo en el centro de las decisiones las demandas que levanta el pueblo. Es más necesario que nunca que los movimientos sociales estemos poniendo el cuerpo y la voz, en calle y en la mesa, con las propuestas de cara al cambio constitucional y político general.

La participación del proceso constituyente debe ser vinculante para ser genuino. Las voces que clamamos por cambios debemos hacernos escuchar, no debemos permitir que se siga replicando lo que tanto escozor nos ha causado como pueblo, que las decisiones se tomen en la cocina de alguien o unos pocos. Es momento de abrir la toma de decisiones a la gente, de ensanchar la democracia. El plebiscito de octubre es una buena oportunidad para esto, debe ser un ejercicio de participación y profundización democrática de cara a la gente y los cambios que el país necesita con urgencia.

¿Cuál es nuestra labor?

Los movimientos sociales tenemos una responsabilidad, una labor en este escenario y momento histórico, debemos abocarnos a seguir construyendo organización popular a partir de las necesidades más sentidas y urgentes de la gente, que se transforme en una red que permita dar sustento a un nuevo proyecto político que sea capaz de dar solución a los graves problemas sociales desatados por las crisis.

Existe una apertura, una posibilidad de cambiar la Constitución del dictador. Pero esta apertura debemos profundizarla y mejorarla sustantivamente, en especial en aquello que norma el cómo se elegirán las y los asambleístas y la forma en que votarán (sistema de quorum).

Es ahí uno de los principales problemas, el “acuerdo” no fue bien visto por las organizaciones sociales, aunque la mayoría habla de cambio constitucional y debiera ser a través de la asamblea constituyente, pero se necesita que tenga la participación y legitimidad necesaria. No podemos olvidar que una de las razones de este estallido social es la desconfianza en la institucionalidad y cómo se ignora al pueblo en la toma de decisiones fundamentales. La esperanza de justicia social, es lo que nos mantiene en la calle, pero todavía es necesario el avance de la agenda social corta, que dé respuesta con la gente, no será posible avanzar sin además el reconocimiento de las violaciones a los Derechos Humanos que se han realizado y aun el ejecutivo y en particular el presidente no da muestra de una condena efectiva, solo palabras en sus anuncios. Mientras esas sigan siendo las fórmulas en que la élite política busca frenar la movilización social, en los territorios seguimos organizándonos, para salir de la emergencia sanitaria, retomando la ofensiva para seguir avanzando en un poder constituyente que se levanta desde los barrios y poblaciones, que es el espacio que le ha dado sustento a las grandes movilizaciones que permitieron el levantamiento del pueblo contra las injusticias, robos y saqueos que se han cometido desde aquella élite que solo busca una mayor desafección de la gente con la política.

Necesitamos seguir articuladas y articulados, movilizadas y movilizados, para hacer frente a lo que aún no ha sido oído.

Por otra parte, la pandemia del Covid 19 se encentra descontrolada. Esta ha gatillado una crisis económica que ha hecho volver el hambre a amplios sectores populares.

¿Cómo enfrentar la crisis sanitaria?

La crisis sanitaria está generando el colapso del sistema de salud. Es un problema de orden sanitario, económico y social (hambre), que golpea a los más vulnerados en nuestro país. ¿Cómo le hacemos frente a esa situación con un gobierno que actúa de manera soberbia donde hay miles de personas en este país que hoy no tienen la capacidad de subsistir económicamente, en un escenario de movilidad reducida, de cuarentenas y toques de queda? ¿Cómo le hacemos con la pérdida de su fuente laboral y marginación de millones de personas del mundo laboral, con una ley creada de protección al empleo, que en los hechos es al empleador?

Ahora nos queda profundizar la capacidad de las organizaciones, en los territorios que hoy nos levantamos contra el hambre. Una crisis que no se detendrá con la entrega de algunos miles de cajas de mercadería. Ahora se debe apuntar a medidas que vayan en lo urgente y sirvan para la protección ante el Covid-19, pero también al virus de la pobreza y el hambre que puede agudizar aún más con la epidemia.

Urge que la institucionalidad escuche a las organizaciones y movimientos si tienen la voluntad real de superar este complejo escenario para todas y todos quienes habitamos este territorio, no se podrá superar las crisis con acuerdos de espaldas a la gente, por parte de la élite política que tan cuestionada está en nuestro país. Desde los territorios nos seguimos organizando y dando frente a una situación que un Estado imposibilitado de buscar alternativas para las mayorías, por una constitución instalada por la dictadura y un gobierno sin la voluntad para esto, razones suficientes para buscar maneras autogestivas que permitan palear la difícil y compleja situación que cada día se agudiza más y más.

Doris González

Junio 2020

(Columna publicada en Le Monde Diplomatique Edición Chilena, Junio 2020)